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CAFTA ofrece oportunidad histórica, dice Zoellick
Vicesecretario afirma pacto EE.UU.-América Central apoya la democracia

Vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Robert Zoellick.

The Heritage Foundation

May 16, 2005

 

Un acuerdo de libre comercio que se ha propuesto entre Estados Unidos, la República Dominicana y las naciones de América Central representa la oportunidad de una generación para ayudar a acicatear el crecimiento económico y fortalecer las reformas democráticas en toda la región, dice el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Robert Zoellick.

En un discurso que pronunció el 16 de mayo en la Heritage Foundation, de Washington, Zoellick calificó el acuerdo (conocido como CAFTA-RD o, simplemente, CAFTA) de símbolo poderoso del compromiso de Estados Unidos con sus asociados en el pacto, a saber: El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, Honduras y la República Dominicana.

Con el correr de los años, el precio de descuidar la región ha sido alto, advirtió. Pero el CAFTA le ofrece a Estados Unidos una oportunidad de mantener vínculos más estrechos con sus aliados regionales, en tanto impulsa la competitividad de la región en la economía mundial y ayuda a consolidar los avances democráticos realizados por América Central en las últimas dos décadas, afirmó.

A continuación una traducción de las palabras de Zoellick:

(comienza el texto)

De la Crisis a la Mancomunidad: El CAFTA y la Democracia en Nuestro Vecindario
Robert B. Zoellick
Vicesecretario de Estado

The Heritage Foundation
16 de mayo de 2005

Hoy quisiera comenzar con un relato acerca de la historia y los titulares de los periódicos.

Mientras camino por los pasillos del Departamento de Estado, entro en la historia. A lo largo de las paredes están los retratos de los que fueron secretarios de Estado y administradores de la política exterior estadounidense. En particular, si uno atraviesa el ceremonioso Salón de los Tratados y se dirige hacia mi oficina, verá el retrato de Henry Stimson.

Aunque tal vez sea más conocido como el secretario de Guerra de Franklin D. Roosevelt, el coronel Stimson desempeñó un papel decisivo pero menos recordado en América Central en 1927. El presidente Calvin Coolidge lo había enviado a mediar entre las facciones que competían en una guerra civil nicaragüense. Stimson negoció una cesación del fuego, el desarme de las fuerzas y la conducción de unas elecciones, mientras los infantes de marina estadounidenses mantenían la paz. Stimson fue aplaudido en la prensa como un pacificador. Siguió adelante para convertirse en gobernador general de las Filipinas y, más tarde, en el 47mo. Secretario de Estado de Estados Unidos.

Pero un general nicaragüense llamado Sandino rehusó aceptar la elección. La violencia estalló otra vez, Sandino fue asesinado y la familia Somoza impuso una larga dictadura.

Ahora, avancemos rápidamente la videocinta unos sesenta años, hasta el momento en que yo trabajé por última vez en el Departamento de Estado bajo el presidente George H. W. Bush y el secretario James Baker.

En 1989 una dictadura comunista bautizada con el nombre del general Sandino estaba en el poder. Con el apoyo de Fidel Castro y la Unión Soviética, Daniel Ortega y una camarilla de comandantes sandinistas habían secuestrado en 1979 una revolución democrática contra los Somoza. Durante diez años, los sandinistas encarcelaron a opositores políticos, confiscaron propiedades y destruyeron la economía del país.

Los rebeldes contras, respaldados por Estados Unidos y con base en Honduras, libraban una lucha decidida contra este régimen. Aquí en Estados Unidos, las luchas en el Congreso en torno a la "ayuda a los contras" dominaban los titulares. Fueron estas algunas de nuestras batallas políticas internas más divisionistas desde la guerra de Vietnam. El conflicto amenazó inclusive la presidencia de Reagan.

En otras partes de América Central, la democracia incipiente de El Salvador batallaba con revolucionarios que contaban con apoyo cubano y soviético. La prolongada guerra civil de Guatemala continuaba en medio de la represión y las violaciones de los derechos humanos. Incluso la pacífica y democrática Costa Rica estaba inundada de refugiados que huían de la guerra.

En 1989, nuestra nueva administración negoció con el Congreso un Acuerdo Bipartidista para América Central. Terminamos las guerras internas en esta región y nos unimos en apoyo de un plan de paz regional que proponía elecciones democráticas y el fin del apoyo externo a los ejércitos guerrilleros revolucionarios.

Hicimos también de América Central un terreno de pruebas para las nuevas ideas en política exterior proclamadas por el presidente Gorbachev, reclutando la colaboración de la declinante Unión Soviética para terminar con las prolongadas guerras civiles de la región. De hecho, llevar la paz a América Central fue un paso temprano e importante para terminar con la Guerra Fría.

La década de los 90 cambió profundamente la historia de América Central: los sandinistas fueron derrotados decisivamente en las primeras elecciones libres en Nicaragua, y el ejército de los contras fue desmovilizado pacíficamente. El Salvador negoció un acuerdo de paz que fortaleció el régimen civil y los derechos humanos, y desarmó el ejército guerrillero. Guatemala siguió el ejemplo con un acuerdo nacional de paz. Cuando el presidente Bush dejó el cargo en enero de 1993, cada nación de América Central, por primera vez en la historia, estaba dirigida por un líder elegido democráticamente.

Pero con el advenimiento de la paz y la democracia, América Central desapareció otra vez de los titulares en Estados Unidos.

El precio del descuido

La breve misión diplomática de Stimson en Nicaragua -- y la naturaleza esporádica de la atención que le prestamos a América Central desde 1993 -- sugieren una lección de las páginas de la historia norteamericana. La participación de Estados Unidos en América Central ha sido episódica, nuestra atención oscila entre intensos periodos de intervención y largos periodos de descuido, simplemente para que la región haga otra vez erupción en las portadas de nuestros periódicos.

Desde la época de Stimson hasta hoy, Norteamérica ha pagado un alto precio por descuidar a América Central. Hoy día, América Central está una vez más en nuestros titulares: ahora participamos en un gran debate acerca de la naturaleza de nuestra relación con estos vecinos, pequeños pero importantes. Una vez más, corremos el riesgo de volverle la espalda a América Central. Luego de casi dos décadas de progreso democrático, los avances podrían convertirse en retirada, y la región podría deslizarse de nuevo en una nueva época de turbulencia.

Nuestro debate en el ámbito nacional acerca del Acuerdo de Libre Comercio Estados Unidos-América Central-República Dominicana (CAFTA) se refiere a mucho más que el comercio. El pueblo de América Central combatió y luchó, y muchos murieron, porque creían que la democracia no sólo traería paz, sino también una vida mejor para ellos y sus hijos. Ahora, el pueblo de la región le pide a Estados Unidos que ayude a asegurar la obra de la democracia mediante una relación económica más estrecha que podría ofrecer un nuevo basamento para crear oportunidad.

Sin embargo, nunca ha parecido asomarse tan honda la brecha entre América Central y Estados Unidos. Los centroamericanos hablan de libertad, democracia y esperanza. Entre tanto, nuestro debate en el ámbito nacional ha estado dominado por temas como el azúcar y si el CAFTA codificará las convenciones laborales internacionales que Estados Unidos ni siquiera ha ratificado. Nuestro debate a nivel nacional presta poca atención a la oportunidad histórica de estabilizar y apoyar a América Central, en tanto se promueven los intereses y valores estratégicos de Estados Unidos.

En su base misma, el debate en torno al CAFTA se refiere fundamentalmente al papel de Norteamérica en el mundo y nuestras relaciones en este hemisferio.

Debemos decidir si sacrificamos los intereses estratégicos de Estados Unidos y el futuro de América Central... por una cucharada de azúcar.

Debemos decidir si dejamos a centenares de miles de centroamericanos en la pobreza y la desesperanza... debido al proteccionismo miope de los sindicatos obreros estadounidenses.

Debemos decidir qué mensaje les enviamos a las democracias que luchan por establecerse en otras regiones, como el Medio Oriente, Asia Sudoriental y África, donde los reformadores económicos presionan a favor de la libertad y necesitan nuestro apoyo.

En resumidas cuentas, debemos decidir si promovemos los intereses estratégicos de Estados Unidos, o sus intereses especiales.

El mundo nos observa. Si nos retiramos al aislacionismo, Daniel Ortega, Hugo Chávez y otros como ellos, autócratas de izquierda o de derecha, avanzarán.

La opción estratégica: reforma o retirada

Desde una perspectiva estratégica, la opción no debería ser difícil. De muchas maneras, el CAFTA es la culminación lógica de veinte años de progreso democrático y social en América Central, alimentado y alentado por Estados Unidos.

En Nicaragua, por ejemplo, por primera vez en la historia del país un ex presidente fue encarcelado por robar. La valiente batalla del presidente Enrique Bolaños contra la corrupción sentó un precedente para los futuros líderes de la región. Pero el presidente Bolaños enfrenta ahora una alianza sombría entre los sandinistas intransigentes y retrógrados y los aliados corruptos del ex presidente Alemán. Si no podemos ayudar a Bolaños para que le dé a su pueblo una oportunidad económica, la vieja guardia que le robó a un pueblo pobre puede escenificar un regreso político.

En Guatemala, el presidente Oscar Berger fue elegido para reemplazar a Alfonso Portillo, quien huyó del país en un intento de evadir acusaciones de corrupción. Berger ha reducido el tamaño de las fuerzas armadas más de un 50 por ciento y ha hecho más transparente el por largo tiempo presupuesto secreto de los militares. El comercio libre reduce y mejora la transparencia gubernamental, al reducir la ilegalidad estatal y la regulación económica ineficiente, fortaleciendo la campaña del presidente Berger contra la corrupción.

En Honduras, el presidente Maduro trata de impulsar a su país hacia el siglo XXI, al construir una comunicación terrestre entre los océanos para ayudar a que su país se integre a la economía mundial. El CAFTA es una piedra angular de la estrategia de Maduro para el desarrollo.

En El Salvador, Antonio Saca, el joven y progresista presidente, ganó la elección al promover vigorosamente el CAFTA en su campaña política. Saca superó al anterior jefe del partido comunista de El Salvador, partidario de línea dura del FMLN, que ha bloqueado toda reforma interna de su partido.

En la República Dominicana, la administración saliente y la entrante -- aunque firmes opositores políticos -- demostraron la creciente madurez de esa democracia al cooperar en abordar las crisis presupuestarias y financieras. El presidente Fernández, al igual que el presidente Mejía que lo precedió, ha presionado para que la República Dominicana sea parte del CAFTA, con el fin de fortalecer el clima para la inversión y la esperanza en el Caribe.

Estas son señales alentadoras y representan un éxito notable. Pero las jóvenes democracias de América Central son frágiles, y los viejos enemigos de la reforma no se han ido.

En Nicaragua, Daniel Ortega sigue siendo una fuerza política. Ortega se opone al CAFTA. Junto con el encarcelado ex presidente Alemán, Ortega trató recientemente de quitarle poder al presidente libremente elegido del país mediante un golpe legislativo. Los sandinistas incitaron a protestas que se tornaron violentas mientras Ortega estaba de visita en La Habana. Sus métodos demuestran que si bien Ortega está un poco más viejo y un poco más canoso, sigue opuesto a la libertad.

El dirigente del FMLN, Schafik Hándal, de El Salvador, se unió a Ortega en su viaje a La Habana para expresar su apoyo a un nuevo pacto comercial Cuba-Venezuela que, según él, debería reemplazar al CAFTA.

La región va estableciendo su curso para el futuro: los dirigentes modernos y democráticos que creen en la reforma económica, en la aceptación de los retos y la apertura de la economía mundial, la democracia y mejores condiciones sociales para todos sus pueblos, van por un camino. Los flautistas de Hamelin del populismo, que se aferran a la falsa promesa de una autarquía económica alcanzada por los medios peligrosos del autoritarismo político y el poder personalizado, van por el otro camino.

El CAFTA fortalecerá la democracia

Tal como lo explicaron los presidentes elegidos de Centroamérica y la República Dominicana cuando visitaron once ciudades en Estados Unidos antes de venir a Washington la semana pasada, el CAFTA es para ellos lo más importante porque fortalecerá los cimientos de la democracia al promover el crecimiento y reducir la pobreza, crear igualdad de oportunidades y refrenar la corrupción.

Primero, y fundamentalmente, el CAFTA significa crecimiento económico. Al crearse una clase media y al tener la gente un mayor interés económico en su sociedad, exige tener más voz en el manejo de esa sociedad. Esto es sumamente importante para el éxito de la democracia en la región. Para fortalecer la democracia en la región, es necesario que su población vea beneficios concretos de la libertad económica, mejoras tangibles en su vida diaria. No hay ancla más segura para la democracia que una ciudadanía que tiene empleo y crea una vida mejor para sus familias.

El comercio es una herramienta vital de la diplomacia de transformación. El CAFTA estimulará la inversión de capital nuevo, tanto extranjero como interno. Una mayor protección de la propiedad intelectual alentará a la creación de nuevas industrias y dará acceso a medicinas que salvarán vidas, como ya hemos visto en otros países asociados a un acuerdo de libre comercio, desde Jordania hasta Singapur. Las disposiciones del CAFTA alentarán a que haya industrias de servicio competitivas y modernas, que abastecerán a la infraestructura del desarrollo --las telecomunicaciones, los servicios financieros, de distribución, reparto expreso o energéticos. Sin estas redes de servicios, les será difícil a los países integrarse en un mundo que busca recursos en el exterior, inversiones, transporte y corrientes de información mundiales.

La certeza de un acceso comercial y empresarial especial al extenso y dinámico mercado estadounidense conducirá a un mayor crecimiento y a una menor pobreza. Nuestro acuerdo de libre comercio recientemente concluido con Chile aumentó las exportaciones (en ambos países) en más de un treinta por ciento durante el primer año, y las exportaciones estadounidenses aumentaron más de cincuenta por ciento en el primer trimestre de 2005. Al abrir su economía y adoptar reformas y disciplinas económicas de largo alcance, Chile redujo la pobreza en más de la mitad durante la década pasada. El historial en todas partes del mundo es claro: los países que abren sus mercados al comercio y alientan a la inversión extranjera tienen mayor éxito en aumentar los ingresos y reducir la pobreza.

Segundo, el CAFTA promoverá la igualdad de oportunidades en las economías dominadas desde hace mucho tiempo por élites económicas. Durante siglos la sociedad centroamericana ha sido sumamente estratificada, en la que unas pocas familias poderosas han controlado la gran mayoría de las actividades económicas. El CAFTA creará oportunidades para gentes de todas las profesiones y condiciones sociales. Las leyes de protección de distribuidores, que por décadas otorgaron derechos exclusivos de distribución de bienes a unos pocos escogidos, serán eliminadas. La ayuda para la creación de capacidad comercial se orientará hacia los empresarios pequeños. Se eliminarán los aranceles que protegen a firmas controladas por unas pocas familias poderosas. Tanto en Estados Unidos como en América Central, los costos de la protección recaen más en las familias pobres, que dedican al consumo una parte mayor de sus escasos fondos.

Tercero, el CAFTA va más allá de recortar los aranceles. Exige cambios extensos en la forma en que operan las economías y las políticas, al desafiar a aquellos que se han tornado corruptos y falsamente seguros de sí mismos en los mercados cautivos, no competitivos. El acuerdo exige reglas justas y transparentes en la administración de las aduanas, las adquisiciones gubernamentales y la reglamentación de los servicios. Declara delito el soborno, pone de relieve procedimientos anteriormente ocultos al escrutinio público y fortalece el imperio de la ley. Con el CAFTA las economías se basarán en reglamentos, no en relaciones corruptas.

Cuarto, el CAFTA contiene disposiciones sin precedentes para fortalecer el papel que desempeñan los grupos de la sociedad civil y los ciudadanos individuales, los hilos con que se teje la tela democrática moderna. Las revolucionarias disposiciones medioambientales no sólo exigen una aplicación efectiva de las leyes que protegen el medio ambiente, sino que conceden también a los ciudadanos una mayor participación en destacar y corregir los abusos medioambientales relacionados con el comercio. Para aumentar la protección de los trabajadores, los países de la región invitaron a la Organización Internacional del Trabajo a que examinara extensa y concienzudamente sus leyes laborales y las gestiones de aplicación de las mismas. Después trabajaron con el Banco Interamericano de Desarrollo para identificar las mejoras específicas que ayudarán a proteger los derechos de los trabajadores.

Estos comienzos ofrecen nuevas e importantes oportunidades para que las organizaciones no gubernamentales apoyen el desarrollo económico, prestando atención a las preocupaciones particulares de la sociedad. Patricia Forkan, de Humane Society International, declaró recientemente ante el Congreso que "el ímpetu producido por el CAFTA-DR ha colocado en primer plano, en América Central, los temas de proteger el medio ambiente, proteger los hábitat y las especies, y la necesidad de equilibrar la protección ambiental con el desarrollo económico. Los centroamericanos... piden nuestra ayuda, nuestra amistad, y nuestro apoyo".

El comercio, por sí solo, no es una garantía de libertad democrática. Los acuerdos integrales de libre comercio pueden desempeñar un papel vital, pero deben estar ligados también a políticas que combinen el comercio y la ayuda. Es por esta razón que la administración se esfuerza en asegurar que nuestros programas de ayuda económica y nuestro programa comercial caminen tomados de la mano, habiéndose aportado en 2004 más de 80 millones de dólares en ayuda para la creación de capacidades relacionadas con el comercio. En el Departamento de Estado, por ejemplo, dirigimos nuestros programas de ayuda económica en América Central a mejoras en la aplicación de las leyes laborales, la protección del medio ambiente, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento de las prácticas democráticas. Y trabajamos con instituciones multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo para realizar mejoras concretas en la aplicación de las leyes laborales y para ayudar a los países a obtener los beneficios de un mercado más abierto.

El CAFTA y la seguridad de Estados Unidos

El CAFTA es la decisión correcta porque fortalecerá la democracia por medio del crecimiento económico y las sociedades abiertas basadas en el imperio de la ley. Pero desde una perspectiva estratégica, es también para Estados Unidos la decisión inteligente, porque no vivimos aislados de lo que ocurre en América Central.

Nuestra seguridad está ligada al desarrollo que existe en nuestro vecindario. Las pandillas de delincuentes, los narcotraficantes, incluso la trata de personas, crean peligrosas redes transnacionales. El CAFTA ofrece una manera de tratar la causa, en lugar de tratar meramente el síntoma, de los problemas que existen en nuestro vecindario. El CAFTA fortalecerá también nuestros lazos de asociación con los gobiernos democráticos más vigorosos que tienen un interés común en contrarrestar estas amenazas.

El crecimiento económico, una distribución más equitativa de los ingresos y la apertura de oportunidades son las llaves para resolver los problemas de seguridad que hoy amenazan a Norte y Centroamérica. Cuando hay inestabilidad y pobreza en nuestro vecindario, es de sentido común ayudar a nuestros vecinos a abordar esos problemas en sus países en lugar de importarlos a nuestro propio país.

Mientras haya pobreza en América Latina, habrá quienes se sentirán fuertemente motivados para abandonar sus hogares, sus familias y sus amistades a fin de venir a Estados Unidos. Habrá quienes quebrantarán nuestras leyes para hacerlo y, trágicamente, habrá otros que morirán al intentarlo. El CAFTA aliviará la pobreza aplastante que motiva esa migración. Los norteamericanos deseamos que la gente tenga la oportunidad de venir a nuestro país legalmente y enriquecer nuestra sociedad. Pero deseamos que esa decisión se base en la elección, no en la desesperación económica.

Colectivamente Estados Unidos, América Central y la República Dominicana tienen ante sí un reto común, el surgimiento de China como un importante poder económico. Por medio del CAFTA podemos unirnos, dentro de nuestro Hemisferio, para encarar mejor ese reto. En negocios tales como los textiles y la ropa, y cada vez más en otras industrias también, las compañías en Estados Unidos están íntimamente vinculadas con los productores de la región. Una camiseta con una etiqueta en la que se lee "Hecha en Honduras" probablemente tiene más del 60 por ciento de contenido estadounidense, en tanto que una camiseta con la etiqueta "Hecha en China", probablemente no lo tenga en grado significativo. Por esa razón tanto el Consejo Nacional de Organizaciones Textiles como el Consejo Nacional del Algodón apoyan el CAFTA. Este Acuerdo fortalecerá los vínculos con importantes socios económicos frente al progreso de la competencia de China.

Irónicamente, si los partidarios del aislamiento económico torpedean el CAFTA por cuestiones como los derechos laborales, la industria de producción de ropa y otras similares se irán a China. Ello pone de relieve la contradicción inherente en la posición de quienes se oponen al CAFTA. Afirman su preocupación por los derechos del trabajador, pero parece que hacen caso omiso de las consecuencias devastadoras que tendrán para los trabajadores la derrota del Acuerdo. El reto de la competencia china ha cambiado la ecuación estratégica: sin el CAFTA, decenas de miles de centroamericanos y dominicanos serán lanzados al desempleo y nuevamente a la pobreza y la desesperación. Muchos de ellos terminarán en nuestras fronteras. Los que se oponen al CAFTA no ofrecen algo mejor para el pueblo de América Central. Le vuelven la espalda.

Los opositores declaran que están defendiendo la población pobre y las familias trabajadoras de los estragos de la mundialización. Sin embargo, el país de América Latina que ha reducido espectacularmente la desigualdad, el desempleo y la pobreza, en décadas recientes, y al mismo tiempo ha aumentado el salario real y las pensiones de las familias trabajadoras es Chile -- el país que más ha abierto su economía al comercio libre.

Si se vota para rechazar el CAFTA, los pobres de la región no mejorarán su suerte; en cambio, la inversión se desviará a otras partes. América Central y la República Dominicana crecerán más lentamente, los salarios serán más bajos y la puerta de la movilidad ascendente para los pobres de la región se les cerrará de golpe en la cara.

Si el CAFTA es derrotado, no será reemplazado por un acuerdo mítico, "perfecto" que incorpore las disposiciones que figuran en la lista de deseos de cada opositor; en cambio América Central y la República Dominicana estarán en desventaja permanente.

Si el CAFTA es derrotado, los derechos laborales en América Central no se fortalecerán; en cambio, los trabajadores de la región perderán cientos más de empleos que irán a China; la competencia por el empleo será más desesperada y en ese ambiente los sindicatos obreros y los derechos de los trabajadores serán más débiles.

La respuesta apropiada en cuanto a los derechos laborales es tender una mano de ayuda para mejorar la aplicación de las leyes que existen, para estimular las reformas laborales en curso, para atraer las empresas estadounidenses que ofrecen mejores condiciones y para aumentar la prosperidad.

¿Oportunidad o temor?

Hace más de setenta y cinco años, frustrado por su experiencia en Nicaragua, Henry Stimson escribió que el pueblo de ese país "no estaba capacitado para asumir las responsabilidades inherentes a la independencia y aún menos capacitado para la autonomía popular".

Hace quince años el ex presidente costarricense, Oscar Arias, hizo una observación más exacta; dijo: "Sin la democracia, no puede haber paz".

Durante la mayor parte del siglo XX América Central fue azotada por guerras civiles, luchas sociales y conflictos violentos. Hoy es una región de democracias frágiles en busca de una asociación económica más estrecha con Estados Unidos. Estos países miran hacia el Norte porque creen en Estados Unidos, no por una dependencia sino por oportunidades económicas. Sencillamente quieren tener la oportunidad de competir con nosotros, de comerciar, de crear progreso. No obstante, el éxito no está asegurado, ya que los viejos enemigos de las reformas todavía están cerca.

Para Estados Unidos el CAFTA representa una decisión estratégica en cuanto a nuestro papel en la región, en América Latina y en el mundo. Debemos decidir si estamos con quienes son partidarios de la libertad y si amedrentamos con nuestra actitud al viejo espectro del aislamiento económico. Sería un error de proporciones históricas si volvemos la espalda a estas esforzadas democracias. El CAFTA es una oportunidad para sostener y apoyar el trabajo de la reforma democrática en una región cuyos problemas, si se pasan por alto una vez más, rápidamente llegarán a ser nuestros problemas, como lo han sido antes.

Para América Central y la República Dominicana el CAFTA es una oportunidad de fortalecer la democracia, ampliar sus economías, reducir la pobreza y la corrupción y extender el círculo de las oportunidades económicas. Es también un reto para Estados Unidos completar el trabajo de la democracia y la paz que comenzamos hace dos décadas.

Para todos nosotros, el CAFTA es la oportunidad de una generación.

Para aprovecharla el presidente necesitará la ayuda de ustedes.

Al abogar por el CAFTA ante el Congreso me llamó la atención que los líderes que en los años ochenta se encontraban en lados opuestos en los conflictos políticos sobre América Central (el Senador Dodd desde una perspectiva, y los presidentes de comisiones Hyde y Dreier, junto con el Senador McCain, desde otra), están unidos con respecto al CAFTA,

Estos veteranos conocen el alto precio de la lucha por la democracia en América Central y del Sur. Saben lo que está en juego en la votación del CAFTA.

Necesitamos que ustedes, que cada uno de ustedes participe en este debate. Los miembros del Congreso depositarán su voto sobre el futuro de Estados Unidos. Este es un voto del que escribirán los historiadores.

Necesitamos que ustedes se aseguren que el Congreso sepa lo que está en juego.

Tengo confianza en que en último término el Congreso de Estados Unidos no le volverá la espalda a América Central y la República Dominicana. Creo que una mayoría bipartidista de congresistas con visión de futuro ratificarán este acuerdo histórico, de la misma manera que en el pasado apoyaron la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.

Gracias por su ayuda.


Robert B. Zoellick is Deputy Secretary of State. He delivered these remarks to The Heritage Foundation on May 16, 2005.

 

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