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acuerdo de libre comercio que se ha propuesto entre Estados Unidos, la
República Dominicana y las naciones de América Central representa la
oportunidad de una generación para ayudar a acicatear el crecimiento
económico y fortalecer las reformas democráticas en toda la región,
dice el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Robert Zoellick.
En un
discurso que pronunció el 16 de mayo en la Heritage Foundation, de
Washington, Zoellick calificó el acuerdo (conocido como CAFTA-RD o,
simplemente, CAFTA) de símbolo poderoso del compromiso de Estados Unidos
con sus asociados en el pacto, a saber: El Salvador, Nicaragua, Guatemala,
Costa Rica, Honduras y la República Dominicana.
Con el
correr de los años, el precio de descuidar la región ha sido alto,
advirtió. Pero el CAFTA le ofrece a Estados Unidos una oportunidad de
mantener vínculos más estrechos con sus aliados regionales, en tanto
impulsa la competitividad de la región en la economía mundial y ayuda a
consolidar los avances democráticos realizados por América Central en
las últimas dos décadas, afirmó.
A
continuación una traducción de las palabras de Zoellick:
(comienza
el texto)
De la
Crisis a la Mancomunidad: El CAFTA y la Democracia en Nuestro Vecindario
Robert B. Zoellick
Vicesecretario de Estado
The
Heritage Foundation
16 de mayo de 2005
Hoy quisiera comenzar con un relato acerca de la historia y los titulares
de los periódicos.
Mientras
camino por los pasillos del Departamento de Estado, entro en la historia.
A lo largo de las paredes están los retratos de los que fueron
secretarios de Estado y administradores de la política exterior
estadounidense. En particular, si uno atraviesa el ceremonioso Salón de
los Tratados y se dirige hacia mi oficina, verá el retrato de Henry
Stimson.
Aunque tal vez sea más conocido como el secretario de Guerra de Franklin
D. Roosevelt, el coronel Stimson desempeñó un papel decisivo pero menos
recordado en América Central en 1927. El presidente Calvin Coolidge lo
había enviado a mediar entre las facciones que competían en una guerra
civil nicaragüense. Stimson negoció una cesación del fuego, el desarme
de las fuerzas y la conducción de unas elecciones, mientras los infantes
de marina estadounidenses mantenían la paz. Stimson fue aplaudido en la
prensa como un pacificador. Siguió adelante para convertirse en
gobernador general de las Filipinas y, más tarde, en el 47mo. Secretario
de Estado de Estados Unidos.
Pero un
general nicaragüense llamado Sandino rehusó aceptar la elección. La
violencia estalló otra vez, Sandino fue asesinado y la familia Somoza
impuso una larga dictadura.
Ahora,
avancemos rápidamente la videocinta unos sesenta años, hasta el momento
en que yo trabajé por última vez en el Departamento de Estado bajo el
presidente George H. W. Bush y el secretario James Baker.
En 1989 una dictadura comunista bautizada con el nombre del general
Sandino estaba en el poder. Con el apoyo de Fidel Castro y la Unión
Soviética, Daniel Ortega y una camarilla de comandantes sandinistas
habían secuestrado en 1979 una revolución democrática contra los Somoza.
Durante diez años, los sandinistas encarcelaron a opositores políticos,
confiscaron propiedades y destruyeron la economía del país.
Los
rebeldes contras, respaldados por Estados Unidos y con base en Honduras,
libraban una lucha decidida contra este régimen. Aquí en Estados Unidos,
las luchas en el Congreso en torno a la "ayuda a los contras"
dominaban los titulares. Fueron estas algunas de nuestras batallas
políticas internas más divisionistas desde la guerra de Vietnam. El
conflicto amenazó inclusive la presidencia de Reagan.
En otras partes de América Central, la democracia incipiente de El
Salvador batallaba con revolucionarios que contaban con apoyo cubano y
soviético. La prolongada guerra civil de Guatemala continuaba en medio de
la represión y las violaciones de los derechos humanos. Incluso la
pacífica y democrática Costa Rica estaba inundada de refugiados que
huían de la guerra.
En
1989, nuestra nueva administración negoció con el Congreso un Acuerdo
Bipartidista para América Central. Terminamos las guerras internas en
esta región y nos unimos en apoyo de un plan de paz regional que
proponía elecciones democráticas y el fin del apoyo externo a los
ejércitos guerrilleros revolucionarios.
Hicimos
también de América Central un terreno de pruebas para las nuevas ideas
en política exterior proclamadas por el presidente Gorbachev, reclutando
la colaboración de la declinante Unión Soviética para terminar con las
prolongadas guerras civiles de la región. De hecho, llevar la paz a
América Central fue un paso temprano e importante para terminar con la
Guerra Fría.
La
década de los 90 cambió profundamente la historia de América Central:
los sandinistas fueron derrotados decisivamente en las primeras elecciones
libres en Nicaragua, y el ejército de los contras fue desmovilizado
pacíficamente. El Salvador negoció un acuerdo de paz que fortaleció el
régimen civil y los derechos humanos, y desarmó el ejército guerrillero.
Guatemala siguió el ejemplo con un acuerdo nacional de paz. Cuando el
presidente Bush dejó el cargo en enero de 1993, cada nación de América
Central, por primera vez en la historia, estaba dirigida por un líder
elegido democráticamente.
Pero
con el advenimiento de la paz y la democracia, América Central
desapareció otra vez de los titulares en Estados Unidos.
El
precio del descuido
La
breve misión diplomática de Stimson en Nicaragua -- y la naturaleza
esporádica de la atención que le prestamos a América Central desde 1993
-- sugieren una lección de las páginas de la historia norteamericana. La
participación de Estados Unidos en América Central ha sido episódica,
nuestra atención oscila entre intensos periodos de intervención y largos
periodos de descuido, simplemente para que la región haga otra vez
erupción en las portadas de nuestros periódicos.
Desde
la época de Stimson hasta hoy, Norteamérica ha pagado un alto precio por
descuidar a América Central. Hoy día, América Central está una vez
más en nuestros titulares: ahora participamos en un gran debate acerca de
la naturaleza de nuestra relación con estos vecinos, pequeños pero
importantes. Una vez más, corremos el riesgo de volverle la espalda a
América Central. Luego de casi dos décadas de progreso democrático, los
avances podrían convertirse en retirada, y la región podría deslizarse
de nuevo en una nueva época de turbulencia.
Nuestro
debate en el ámbito nacional acerca del Acuerdo de Libre Comercio Estados
Unidos-América Central-República Dominicana (CAFTA) se refiere a mucho
más que el comercio. El pueblo de América Central combatió y luchó, y
muchos murieron, porque creían que la democracia no sólo traería paz,
sino también una vida mejor para ellos y sus hijos. Ahora, el pueblo de
la región le pide a Estados Unidos que ayude a asegurar la obra de la
democracia mediante una relación económica más estrecha que podría
ofrecer un nuevo basamento para crear oportunidad.
Sin
embargo, nunca ha parecido asomarse tan honda la brecha entre América
Central y Estados Unidos. Los centroamericanos hablan de libertad,
democracia y esperanza. Entre tanto, nuestro debate en el ámbito nacional
ha estado dominado por temas como el azúcar y si el CAFTA codificará las
convenciones laborales internacionales que Estados Unidos ni siquiera ha
ratificado. Nuestro debate a nivel nacional presta poca atención a la
oportunidad histórica de estabilizar y apoyar a América Central, en
tanto se promueven los intereses y valores estratégicos de Estados Unidos.
En su
base misma, el debate en torno al CAFTA se refiere fundamentalmente al
papel de Norteamérica en el mundo y nuestras relaciones en este
hemisferio.
Debemos
decidir si sacrificamos los intereses estratégicos de Estados Unidos y el
futuro de América Central... por una cucharada de azúcar.
Debemos decidir si dejamos a centenares de miles de centroamericanos en la
pobreza y la desesperanza... debido al proteccionismo miope de los
sindicatos obreros estadounidenses.
Debemos
decidir qué mensaje les enviamos a las democracias que luchan por
establecerse en otras regiones, como el Medio Oriente, Asia Sudoriental y
África, donde los reformadores económicos presionan a favor de la
libertad y necesitan nuestro apoyo.
En
resumidas cuentas, debemos decidir si promovemos los intereses
estratégicos de Estados Unidos, o sus intereses especiales.
El
mundo nos observa. Si nos retiramos al aislacionismo, Daniel Ortega, Hugo
Chávez y otros como ellos, autócratas de izquierda o de derecha,
avanzarán.
La opción estratégica: reforma o retirada
Desde
una perspectiva estratégica, la opción no debería ser difícil. De
muchas maneras, el CAFTA es la culminación lógica de veinte años de
progreso democrático y social en América Central, alimentado y alentado
por Estados Unidos.
En Nicaragua, por ejemplo, por primera vez en la historia del país un ex
presidente fue encarcelado por robar. La valiente batalla del presidente
Enrique Bolaños contra la corrupción sentó un precedente para los
futuros líderes de la región. Pero el presidente Bolaños enfrenta ahora
una alianza sombría entre los sandinistas intransigentes y retrógrados y
los aliados corruptos del ex presidente Alemán. Si no podemos ayudar a
Bolaños para que le dé a su pueblo una oportunidad económica, la vieja
guardia que le robó a un pueblo pobre puede escenificar un regreso
político.
En
Guatemala, el presidente Oscar Berger fue elegido para reemplazar a
Alfonso Portillo, quien huyó del país en un intento de evadir
acusaciones de corrupción. Berger ha reducido el tamaño de las fuerzas
armadas más de un 50 por ciento y ha hecho más transparente el por largo
tiempo presupuesto secreto de los militares. El comercio libre reduce y
mejora la transparencia gubernamental, al reducir la ilegalidad estatal y
la regulación económica ineficiente, fortaleciendo la campaña del
presidente Berger contra la corrupción.
En
Honduras, el presidente Maduro trata de impulsar a su país hacia el siglo
XXI, al construir una comunicación terrestre entre los océanos para
ayudar a que su país se integre a la economía mundial. El CAFTA es una
piedra angular de la estrategia de Maduro para el desarrollo.
En El
Salvador, Antonio Saca, el joven y progresista presidente, ganó la
elección al promover vigorosamente el CAFTA en su campaña política.
Saca superó al anterior jefe del partido comunista de El Salvador,
partidario de línea dura del FMLN, que ha bloqueado toda reforma interna
de su partido.
En la
República Dominicana, la administración saliente y la entrante -- aunque
firmes opositores políticos -- demostraron la creciente madurez de esa
democracia al cooperar en abordar las crisis presupuestarias y financieras.
El presidente Fernández, al igual que el presidente Mejía que lo
precedió, ha presionado para que la República Dominicana sea parte del
CAFTA, con el fin de fortalecer el clima para la inversión y la esperanza
en el Caribe.
Estas
son señales alentadoras y representan un éxito notable. Pero las
jóvenes democracias de América Central son frágiles, y los viejos
enemigos de la reforma no se han ido.
En
Nicaragua, Daniel Ortega sigue siendo una fuerza política. Ortega se
opone al CAFTA. Junto con el encarcelado ex presidente Alemán, Ortega
trató recientemente de quitarle poder al presidente libremente elegido
del país mediante un golpe legislativo. Los sandinistas incitaron a
protestas que se tornaron violentas mientras Ortega estaba de visita en La
Habana. Sus métodos demuestran que si bien Ortega está un poco más
viejo y un poco más canoso, sigue opuesto a la libertad.
El
dirigente del FMLN, Schafik Hándal, de El Salvador, se unió a Ortega en
su viaje a La Habana para expresar su apoyo a un nuevo pacto comercial
Cuba-Venezuela que, según él, debería reemplazar al CAFTA.
La
región va estableciendo su curso para el futuro: los dirigentes modernos
y democráticos que creen en la reforma económica, en la aceptación de
los retos y la apertura de la economía mundial, la democracia y mejores
condiciones sociales para todos sus pueblos, van por un camino. Los
flautistas de Hamelin del populismo, que se aferran a la falsa promesa de
una autarquía económica alcanzada por los medios peligrosos del
autoritarismo político y el poder personalizado, van por el otro camino.
El
CAFTA fortalecerá la democracia
Tal
como lo explicaron los presidentes elegidos de Centroamérica y la
República Dominicana cuando visitaron once ciudades en Estados Unidos
antes de venir a Washington la semana pasada, el CAFTA es para ellos lo
más importante porque fortalecerá los cimientos de la democracia al
promover el crecimiento y reducir la pobreza, crear igualdad de
oportunidades y refrenar la corrupción.
Primero,
y fundamentalmente, el CAFTA significa crecimiento económico. Al crearse
una clase media y al tener la gente un mayor interés económico en su
sociedad, exige tener más voz en el manejo de esa sociedad. Esto es
sumamente importante para el éxito de la democracia en la región. Para
fortalecer la democracia en la región, es necesario que su población vea
beneficios concretos de la libertad económica, mejoras tangibles en su
vida diaria. No hay ancla más segura para la democracia que una
ciudadanía que tiene empleo y crea una vida mejor para sus familias.
El
comercio es una herramienta vital de la diplomacia de transformación. El
CAFTA estimulará la inversión de capital nuevo, tanto extranjero como
interno. Una mayor protección de la propiedad intelectual alentará a la
creación de nuevas industrias y dará acceso a medicinas que salvarán
vidas, como ya hemos visto en otros países asociados a un acuerdo de
libre comercio, desde Jordania hasta Singapur. Las disposiciones del CAFTA
alentarán a que haya industrias de servicio competitivas y modernas, que
abastecerán a la infraestructura del desarrollo --las telecomunicaciones,
los servicios financieros, de distribución, reparto expreso o
energéticos. Sin estas redes de servicios, les será difícil a los
países integrarse en un mundo que busca recursos en el exterior,
inversiones, transporte y corrientes de información mundiales.
La
certeza de un acceso comercial y empresarial especial al extenso y
dinámico mercado estadounidense conducirá a un mayor crecimiento y a una
menor pobreza. Nuestro acuerdo de libre comercio recientemente concluido
con Chile aumentó las exportaciones (en ambos países) en más de un
treinta por ciento durante el primer año, y las exportaciones
estadounidenses aumentaron más de cincuenta por ciento en el primer
trimestre de 2005. Al abrir su economía y adoptar reformas y disciplinas
económicas de largo alcance, Chile redujo la pobreza en más de la mitad
durante la década pasada. El historial en todas partes del mundo es claro:
los países que abren sus mercados al comercio y alientan a la inversión
extranjera tienen mayor éxito en aumentar los ingresos y reducir la
pobreza.
Segundo,
el CAFTA promoverá la igualdad de oportunidades en las economías
dominadas desde hace mucho tiempo por élites económicas. Durante siglos
la sociedad centroamericana ha sido sumamente estratificada, en la que
unas pocas familias poderosas han controlado la gran mayoría de las
actividades económicas. El CAFTA creará oportunidades para gentes de
todas las profesiones y condiciones sociales. Las leyes de protección de
distribuidores, que por décadas otorgaron derechos exclusivos de
distribución de bienes a unos pocos escogidos, serán eliminadas. La
ayuda para la creación de capacidad comercial se orientará hacia los
empresarios pequeños. Se eliminarán los aranceles que protegen a firmas
controladas por unas pocas familias poderosas. Tanto en Estados Unidos
como en América Central, los costos de la protección recaen más en las
familias pobres, que dedican al consumo una parte mayor de sus escasos
fondos.
Tercero,
el CAFTA va más allá de recortar los aranceles. Exige cambios extensos
en la forma en que operan las economías y las políticas, al desafiar a
aquellos que se han tornado corruptos y falsamente seguros de sí mismos
en los mercados cautivos, no competitivos. El acuerdo exige reglas justas
y transparentes en la administración de las aduanas, las adquisiciones
gubernamentales y la reglamentación de los servicios. Declara delito el
soborno, pone de relieve procedimientos anteriormente ocultos al
escrutinio público y fortalece el imperio de la ley. Con el CAFTA las
economías se basarán en reglamentos, no en relaciones corruptas.
Cuarto,
el CAFTA contiene disposiciones sin precedentes para fortalecer el papel
que desempeñan los grupos de la sociedad civil y los ciudadanos
individuales, los hilos con que se teje la tela democrática moderna. Las
revolucionarias disposiciones medioambientales no sólo exigen una
aplicación efectiva de las leyes que protegen el medio ambiente, sino que
conceden también a los ciudadanos una mayor participación en destacar y
corregir los abusos medioambientales relacionados con el comercio. Para
aumentar la protección de los trabajadores, los países de la región
invitaron a la Organización Internacional del Trabajo a que examinara
extensa y concienzudamente sus leyes laborales y las gestiones de
aplicación de las mismas. Después trabajaron con el Banco Interamericano
de Desarrollo para identificar las mejoras específicas que ayudarán a
proteger los derechos de los trabajadores.
Estos
comienzos ofrecen nuevas e importantes oportunidades para que las
organizaciones no gubernamentales apoyen el desarrollo económico,
prestando atención a las preocupaciones particulares de la sociedad.
Patricia Forkan, de Humane Society International, declaró recientemente
ante el Congreso que "el ímpetu producido por el CAFTA-DR ha
colocado en primer plano, en América Central, los temas de proteger el
medio ambiente, proteger los hábitat y las especies, y la necesidad de
equilibrar la protección ambiental con el desarrollo económico. Los
centroamericanos... piden nuestra ayuda, nuestra amistad, y nuestro apoyo".
El
comercio, por sí solo, no es una garantía de libertad democrática. Los
acuerdos integrales de libre comercio pueden desempeñar un papel vital,
pero deben estar ligados también a políticas que combinen el comercio y
la ayuda. Es por esta razón que la administración se esfuerza en
asegurar que nuestros programas de ayuda económica y nuestro programa
comercial caminen tomados de la mano, habiéndose aportado en 2004 más de
80 millones de dólares en ayuda para la creación de capacidades
relacionadas con el comercio. En el Departamento de Estado, por ejemplo,
dirigimos nuestros programas de ayuda económica en América Central a
mejoras en la aplicación de las leyes laborales, la protección del medio
ambiente, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento de las
prácticas democráticas. Y trabajamos con instituciones multilaterales
como el Banco Interamericano de Desarrollo para realizar mejoras concretas
en la aplicación de las leyes laborales y para ayudar a los países a
obtener los beneficios de un mercado más abierto.
El
CAFTA y la seguridad de Estados Unidos
El
CAFTA es la decisión correcta porque fortalecerá la democracia por medio
del crecimiento económico y las sociedades abiertas basadas en el imperio
de la ley. Pero desde una perspectiva estratégica, es también para
Estados Unidos la decisión inteligente, porque no vivimos aislados de lo
que ocurre en América Central.
Nuestra
seguridad está ligada al desarrollo que existe en nuestro vecindario. Las
pandillas de delincuentes, los narcotraficantes, incluso la trata de
personas, crean peligrosas redes transnacionales. El CAFTA ofrece una
manera de tratar la causa, en lugar de tratar meramente el síntoma, de
los problemas que existen en nuestro vecindario. El CAFTA fortalecerá
también nuestros lazos de asociación con los gobiernos democráticos
más vigorosos que tienen un interés común en contrarrestar estas
amenazas.
El
crecimiento económico, una distribución más equitativa de los ingresos
y la apertura de oportunidades son las llaves para resolver los problemas
de seguridad que hoy amenazan a Norte y Centroamérica. Cuando hay
inestabilidad y pobreza en nuestro vecindario, es de sentido común ayudar
a nuestros vecinos a abordar esos problemas en sus países en lugar de
importarlos a nuestro propio país.
Mientras
haya pobreza en América Latina, habrá quienes se sentirán fuertemente
motivados para abandonar sus hogares, sus familias y sus amistades a fin
de venir a Estados Unidos. Habrá quienes quebrantarán nuestras leyes
para hacerlo y, trágicamente, habrá otros que morirán al intentarlo. El
CAFTA aliviará la pobreza aplastante que motiva esa migración. Los
norteamericanos deseamos que la gente tenga la oportunidad de venir a
nuestro país legalmente y enriquecer nuestra sociedad. Pero deseamos que
esa decisión se base en la elección, no en la desesperación económica.
Colectivamente
Estados Unidos, América Central y la República Dominicana tienen ante
sí un reto común, el surgimiento de China como un importante poder
económico. Por medio del CAFTA podemos unirnos, dentro de nuestro
Hemisferio, para encarar mejor ese reto. En negocios tales como los
textiles y la ropa, y cada vez más en otras industrias también, las
compañías en Estados Unidos están íntimamente vinculadas con los
productores de la región. Una camiseta con una etiqueta en la que se lee
"Hecha en Honduras" probablemente tiene más del 60 por ciento
de contenido estadounidense, en tanto que una camiseta con la etiqueta
"Hecha en China", probablemente no lo tenga en grado
significativo. Por esa razón tanto el Consejo Nacional de Organizaciones
Textiles como el Consejo Nacional del Algodón apoyan el CAFTA. Este
Acuerdo fortalecerá los vínculos con importantes socios económicos
frente al progreso de la competencia de China.
Irónicamente,
si los partidarios del aislamiento económico torpedean el CAFTA por
cuestiones como los derechos laborales, la industria de producción de
ropa y otras similares se irán a China. Ello pone de relieve la
contradicción inherente en la posición de quienes se oponen al CAFTA.
Afirman su preocupación por los derechos del trabajador, pero parece que
hacen caso omiso de las consecuencias devastadoras que tendrán para los
trabajadores la derrota del Acuerdo. El reto de la competencia china ha
cambiado la ecuación estratégica: sin el CAFTA, decenas de miles de
centroamericanos y dominicanos serán lanzados al desempleo y nuevamente a
la pobreza y la desesperación. Muchos de ellos terminarán en nuestras
fronteras. Los que se oponen al CAFTA no ofrecen algo mejor para el pueblo
de América Central. Le vuelven la espalda.
Los
opositores declaran que están defendiendo la población pobre y las
familias trabajadoras de los estragos de la mundialización. Sin embargo,
el país de América Latina que ha reducido espectacularmente la
desigualdad, el desempleo y la pobreza, en décadas recientes, y al mismo
tiempo ha aumentado el salario real y las pensiones de las familias
trabajadoras es Chile -- el país que más ha abierto su economía al
comercio libre.
Si se vota para rechazar el CAFTA, los pobres de la región no mejorarán
su suerte; en cambio, la inversión se desviará a otras partes. América
Central y la República Dominicana crecerán más lentamente, los salarios
serán más bajos y la puerta de la movilidad ascendente para los pobres
de la región se les cerrará de golpe en la cara.
Si el CAFTA es derrotado, no será reemplazado por un acuerdo mítico,
"perfecto" que incorpore las disposiciones que figuran en la
lista de deseos de cada opositor; en cambio América Central y la
República Dominicana estarán en desventaja permanente.
Si el
CAFTA es derrotado, los derechos laborales en América Central no se
fortalecerán; en cambio, los trabajadores de la región perderán cientos
más de empleos que irán a China; la competencia por el empleo será más
desesperada y en ese ambiente los sindicatos obreros y los derechos de los
trabajadores serán más débiles.
La
respuesta apropiada en cuanto a los derechos laborales es tender una mano
de ayuda para mejorar la aplicación de las leyes que existen, para
estimular las reformas laborales en curso, para atraer las empresas
estadounidenses que ofrecen mejores condiciones y para aumentar la
prosperidad.
¿Oportunidad
o temor?
Hace
más de setenta y cinco años, frustrado por su experiencia en Nicaragua,
Henry Stimson escribió que el pueblo de ese país "no estaba
capacitado para asumir las responsabilidades inherentes a la independencia
y aún menos capacitado para la autonomía popular".
Hace
quince años el ex presidente costarricense, Oscar Arias, hizo una
observación más exacta; dijo: "Sin la democracia, no puede haber
paz".
Durante la mayor parte del siglo XX América Central fue azotada por
guerras civiles, luchas sociales y conflictos violentos. Hoy es una
región de democracias frágiles en busca de una asociación económica
más estrecha con Estados Unidos. Estos países miran hacia el Norte
porque creen en Estados Unidos, no por una dependencia sino por
oportunidades económicas. Sencillamente quieren tener la oportunidad de
competir con nosotros, de comerciar, de crear progreso. No obstante, el
éxito no está asegurado, ya que los viejos enemigos de las reformas
todavía están cerca.
Para
Estados Unidos el CAFTA representa una decisión estratégica en cuanto a
nuestro papel en la región, en América Latina y en el mundo. Debemos
decidir si estamos con quienes son partidarios de la libertad y si
amedrentamos con nuestra actitud al viejo espectro del aislamiento
económico. Sería un error de proporciones históricas si volvemos la
espalda a estas esforzadas democracias. El CAFTA es una oportunidad para
sostener y apoyar el trabajo de la reforma democrática en una región
cuyos problemas, si se pasan por alto una vez más, rápidamente llegarán
a ser nuestros problemas, como lo han sido antes.
Para
América Central y la República Dominicana el CAFTA es una oportunidad de
fortalecer la democracia, ampliar sus economías, reducir la pobreza y la
corrupción y extender el círculo de las oportunidades económicas. Es
también un reto para Estados Unidos completar el trabajo de la democracia
y la paz que comenzamos hace dos décadas.
Para
todos nosotros, el CAFTA es la oportunidad de una generación.
Para
aprovecharla el presidente necesitará la ayuda de ustedes.
Al abogar por el CAFTA ante el Congreso me llamó la atención que los
líderes que en los años ochenta se encontraban en lados opuestos en los
conflictos políticos sobre América Central (el Senador Dodd desde una
perspectiva, y los presidentes de comisiones Hyde y Dreier, junto con el
Senador McCain, desde otra), están unidos con respecto al CAFTA,
Estos veteranos conocen el alto precio de la lucha por la democracia en
América Central y del Sur. Saben lo que está en juego en la votación
del CAFTA.
Necesitamos que ustedes, que cada uno de ustedes participe en este debate.
Los miembros del Congreso depositarán su voto sobre el futuro de Estados
Unidos. Este es un voto del que escribirán los historiadores.
Necesitamos
que ustedes se aseguren que el Congreso sepa lo que está en juego.
Tengo confianza en que en último término el Congreso de Estados Unidos
no le volverá la espalda a América Central y la República Dominicana.
Creo que una mayoría bipartidista de congresistas con visión de futuro
ratificarán este acuerdo histórico, de la misma manera que en el pasado
apoyaron la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.
Gracias
por su ayuda.
Robert B. Zoellick is Deputy Secretary of State. He delivered these
remarks to The Heritage Foundation on May 16, 2005.
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